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Constituía un secreto de estado que el gran descubrimiento militar de los ingenieros del planeta Elodia Vitti, había sido producto del azar. Una comunicación interceptada de alguna galaxia distante, en la forma de una canción conocida como “Everybody’s gonna learn sometimes”, había generado tal devastación en el laboratorio, que ahora los elodianos la empleaban como un arma capaz de pulverizar la moral de las tropas enemigas. Sus métodos poco convencionales dieron origen a la “guerra sentimental”, ya que cualquier individuo expuesto a dicha arma sufría un daño irreparable y quedaba condenado a repetir la misma retahíla una y otra vez hasta el fin de sus días:

“El amor a primera vista no existe. Somos tan mediocres que debemos hacerlo una y otra vez, sin llegar a concebirlo realmente. Tan vacíos por dentro, inmensas cavernas ambulantes que nunca logran saciarse, coparse.”

Muy pronto los elodianos anexaron a su imperio tantos planetas como ojos había en la cabeza de su emperatriz.

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“-Usted en pocas palabras es:
Una persona con una pereza que lo va a matar y un despiste que no puede con él”.

(Algún tiempo después)

Los pies inmóviles, el bostezo largo y lento, las manos apenas apoyadas en los bordes de madera del banco, y el cuerpo por completo sumido en su peso vago, indolente, apático.

Estaba allanado en el banco, casi dormitando, con los ojos perdidos en la brumosa visión de las cosas cuando los ojos no están abiertos del todo, en esa mezcolanza tripartita entre lo que está, las pestañas y el negro de los párpados.

Justo después de bajar calló de súbito en la silla, sus pies adormilados y palpitantes se rehusaron sin avisarle a dar un paso más cuando tropezaron con el parque y con este banco. Eso tan simple de un paso después del otro, era en este momento como pretender sostener un alfiler en perfecto equilibrio sobre la cabeza de otro alfiler. Como lanzar al cielo 100 pelotas pequeñas y formar por un instante un círculo perfecto o al menos un caballo. Como recitar de comienzo a fin sin errores y con diferentes voces las obras completas de cualquier escritor. Como tener el mismo sueño todas las noches, y al levantarse vivirlo. Como saber exactamente cómo describir un color sin nombrarlos. Como contar hasta el infinito sin morirse en el intento. Como revivir una mascota que se murió. Como devolver el tiempo con presteza, al menos por un segundo. Como hacer una línea completamente recta a pulso. Como pararse en el medio de un huracán y sobrevivirlo sonriente. Como caer de un balcón y dormirse en la caída. Como tener de amigo un colibrí y caminar con él de vez en cuando. Como tener un love affair que dure por siempre.

Los pies inmóviles, el bostezo interrumpido y frío, las manos vencidas en los bordes de madera del banco y el cuerpo por completo sumido en su peso inerte.

(La anterior es una valiosa contribución de mi amigo Celerino)

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“Nuestra sociedad comenzó a estar mal, el día en que fue necesario contratar un ejército de pobres para cuidarnos a los ricos de las manos ávidas y hambrientas de los pobres.”

Ego

Ariel entrega el turno a su compañero y descubre horrorizado que ha olvidado traer una muda de recambio: deberá volver a casa vestido con la chaqueta que reza “Seguridad Privada” en la espalda. Decide correr el riesgo de morir bajo los efectos de la hipotermia, antes de tener que revivir los eventos de aquel día fatídico en el que olvidó cambiar su indumentaria y una horda de ancianas rabiosas le recriminó haber faltado a su compromiso de guardián mientras tres de sus vecinos las despojaban de sus pertenencias. Cruzar la ciudad vestido de esa manera, es solo comparable a atravesar un país africano con la bandera de la ONU en la mano.

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Fascículo 1.

 

Paquetismo
 

a. Definición 

Término que se utiliza para designar a una curiosa patología recién documentada en un estudio llamado ”Stupidité et hanches: paquetisme” escrito por Marcell A. Teressoux, proctólogo e investigador genético de la Universidad del Lion. Teressoux, tras diagnosticarse a sí mismo la enfermedad, invirtió grandes esfuerzos en la búsqueda del origen de este mal, sin ningún tipo de éxito. Se define por paquete al hombre que, siendo clínicamente un imbécil, decide tomar una actitud de autosuficiencia, desatino acompañado por caderas voluminosas y un andar entorpecido y grotesco. El paquetismo no distingue credo, raza o clase social. Usualmente ataca saliendo de los 20 años y tiene su etapa terminal bordeando los 30. No hay tratamiento conocido, aunque los científicos le siguen la pista a la enfermedad y han logrado detectar que toda esta mala sangre suele acumularse principalmente en las arterias que irrigan a las caderas, produciendo la inflamación de éstas y siendo el hombre caderón muy propenso a sufrir de paquetismo.

El genetista Michael Wigam insinuó una teoría en la que se presentaba al paquetismo como una aberración cromosómica, semejante al ”Síndrome de Patau” o al ”Mal de la Tetilla Púrpura”, pero sus resultados fueron rápidamente desestimados por las revistas de divulgación científica, debido a notables imprecisiones en la toma de muestras, al descubrirse que uno de los pacientes examinados era hermano de sangre de Wigam y que éste había modificado los resultados en el laboratorio, para disfrazar de ”paquetismo” un simple caso de síndrome del abdomen en ciruela pasa de su hermano, aprovechando la similitud entre los síntomas de ambas enfermedades. El consenso de la comunidad científica afirma que el mal se debería a la ”trisomía del cromosoma 17”, 4 grados por debajo del Síndrome de Down. Todas estas aproximaciones a la raíz genética del paquetismo fueron finalmente tachadas al examinar los cariotipos de tres paquetes y encontrar diferencias considerables entre el mosaisismo presente en cada uno. Hasta ahora nadie se ha atrevido a publicar un nuevo trabajo sobre la enfermedad.

 

 

b. Síntomas

 

 

Etapas tempranas

 

1. Dificultad para expresarse con solvencia.

2. Durante la primera etapa de la incubación de la enfermedad, dolor en las caderas y en los pezones.

3. Halitosis severa.

4. Espasmos en las plantas de los pies.

5. Delirios de grandeza.

 

 

Etapa intermedia

 

1. Dilatación de esfínteres nocturna, con leve emisión de gases.

2. Engrosamiento de las caderas.

3. Dificultad para subir escaleras.

4. Perdida progresiva de la lucidez.
 

Etapa terminal

 

1. Perdida total de la razón.

2. Inapetencia sexual.

3. Mal olor general.

4. La cadera se torna esponjosa y duele el miccionar.

5. Flatulencia incontrolable.

6. Estado de apaquetamiento irreversible (permanencia perpetua de todos los síntomas anteriormente descritos).

Repercusiones sociales de la enfermedad 

a. Corrección léxica

La etimología del término reside en una expresión que muchos hombres utilizaban para referirse a los jugadores de fútbol incompetentes como “paquetes”. Este adjetivo improvisado era común en la lengua callejera para denominar a aquellos futbolistas que, en apariencia, contaban con cualidades suficientes para desempeñarse de manera esplendorosa. El señalamiento caía, por lo general, sobre extranjeros, dotados de una belleza extraña y exótica para la región (casi siempre provenientes del cono sur de Suramérica). Los locutores deportivos, especie común en el sur occidente colombiano, solían definir la naturaleza de estos forasteros con un apesadumbrado susurro, mientras trataban de alejarse del micrófono: “qué paquete, pero qué paquete”.

 b. Paquetismo como aberración

Es bastante el tiempo que en la actualidad se invierte en foros y asambleas para discutir el estatus ético y moral de la práctica del paquetismo. Si bien en sus inicios fue considerado como una aberración (se han documentado casos de linchamientos y desapariciones forzosas de jugadores argentinos y paraguayos que fracasaron en su aventura futbolística por tierras colombianas), hoy es claro que se trata de una enfermedad que se presenta en un alto porcentaje en filósofos y poetas colombianos y centroamericanos. Quienes persiguen a los paquetes han descubierto con preocupación que en la actualidad el paquetismo se presenta en verdaderos profesionales, como ingenieros de sistemas y abogados. Se ha observado que la obesidad y el onanismo manifiesto están relacionados de manera directa con  el paquetismo, razón por la cual los detractores acusan a los paquetes de  promover prácticas malsanas y  de dar un ejemplo reprochable a las futuras generaciones.

Los paquetes que insisten en dar al paquetismo un estatus de corriente metafilosófica  ganaron una batalla legal en el 2003, en un tribunal de Santiago de Cali. Mediante resolución 006797-11 de 2003, los representantes más destacados del paquetismo (Poetas y filósofos colombianos) lograron situar al paquetismo como una corriente posterior a la filosofía ordinaria, cuyos practicantes cuentan con los mismos derechos que cualquier otro ciudadano.

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La comida ha estado increíble y la sobremesa mejor, con el tema de Auschwitz en un plato con lyches y pienso en razas inferiores y más que razas en seres inferiores que son la vergüenza de nuestra desvergonzada especie. Entonces llega Maria Fernanda con dos sujetos (de pruebas), el uno conocido y ameno, el otro un mequetrefe triste completamente convencido de su discurso barato y solapado, convencido de tener el humor más corrosivo de la comarca, de haber visto el mundo que HAY que ver, de poder juzgarme solo porque utilizo un sombrero y tengo la barba de español. Tal es su grado de desfachatez que se auto denomina “artista digital”, y por un instante siento que voy a devolver los suculentos trozos de lomo que Santiago tan generosamente ha preparado.

Empiezo a dejarme llevar por esas olas rabiosas de su estupidez, y le digo que parece argentino, tal vez por su nariz de señora, o por su peluqueado de señora, o por su nombre que rebota como una pelota de niño con problemas de aprendizaje (Renato), un híbrido de juguete con sapo gracioso, con lemur y marioneta. Le causa enorme gracia cuanto utilizo la palabra ‘hibrido’, y es porque no sabe que la utilizo para denominar lo más bajo de la construcción mental y real, un ser sin descendencia, o al menos yo quisiera que nunca esparciera sus genes (genética!) por nuestro ya disminuido mundo de lemures y marionetas.

Descubro que más que una marioneta es una rata moribunda que se presta al juego sádico del gato que la ha cazado, y rebota contra las paredes dejando manchones de inmundicia. La conversación llega a su punto álgido, conmigo auto-inflingiéndome cortaduras de humillación, solo por el placer de ver la ratita responder enceguecida. Y entonces la chispa mística-telepática, aparece Celerino con unos deseos irrefrenables de asesinar a golpes a la ratita, de sacarla de su agonía y arruinarle el rato al gato que la mueve como un juguete-marioneta. La cordura social acude al rescate y Renato salva su pellejo, con una sonrisa de rata moribunda que sabe que su destino está sellado, tal vez no esa noche, pero alguna noche en la que sus prejuicios se toparán con algún ser intolerante y armado.

Llegamos a la fiesta donde todo es penumbra. La venganza del gato es dulce sobre las pequeñas ratitas sin plata, y meto mi dedo en la asquerosa llaga de Renato hasta hacerla sangrar, y devuelvo al río toda la mierda que pesqué y la marioneta escucha impotente como todo el odio que sembró se le devuelve en la cara como un vómito hacia el cielo, y termina por ceder, como todos las ratas, por adorarme, por confesarme que después de todo le caigo muy bien y yo solo sonrío con todo mi asco por su debilidad, su mérito para ingresar en una cámara de gas. Y entonces de nuevo la chispa, que ahora ya no es una mera chispa en la penumbra, sino una conflagración rabiosa, y Celerino encuentra nuevas ratitas moribundas para jugar, para enseñarle a sus hijos invisibles cómo se caza, como se manipula una presa, y como toda presa se resiste, lucha, patalea, y termina por ceder también, por engrosar la fila de la cámara de gas, donde se exhiben los infrahumanos ridículos que jamás entenderán (KNOW, not FEAR) que algún día morirán. Y mientras yo me siento a reposar mi cortejo, mi complejo, Celerino estalla en un arranque de sinceridad realmente corrosiva, de gato ensañado con la rata moribunda y debemos salir sonriendo del apartamento, pero ahora mi gran amigo es un manojo de vidrio, mientras yo lo soy de concreto, y escucho a Maria Fernanda lanzar sus consignas de odio hacia mí, convencida de mis méritos para engrosar la fila de la cámara, empleando mi propia vida contra mí, con esa forma que tiene de aglutinar la mierda de los otros para después ponérsela en la puerta de la casa, ella es la verdadera artista de la familia. Yo me limito a sonreír, y a ver a Celerino dilapidar vidrios y fuerza y odio y vuelvo a sonreír al recordar que la noche había empezado con una sentencia de irritabilidad y monstruos, y que el conjuro del mago salió por el lado equivocado del sombrero. Y a ver a mi amigo correr cuesta abajo, no en patines como la noche, pero si por la macarena cuesta abajo y Maria Fernanda empieza a llorar y a abandonar el bando de los gatos y a volverse ratita y a engrosar la fila, y a pedirme perdón con un amor que casi podría creerse verdadero, y a tomar mi mano, a buscar la zarpa del gato que no la suelta y vuelvo a sonreír porque al final todos terminan buscando la garra, pidiendo perdón, confesando admiración y respeto por esa capacidad de aguantar mierda y sonreír, de desconfiar, de mirar con desdén y escepticismo a la especie que pertenezco, de rehusarse a engrosar la fila, a atestar al cámara. Ahora es Celerino el que rebota más allá de nuestro alcance y Maria Fernanda sigue llorando convencida de que será la última vez que lo vea, mientras yo le hablo por celular, como si fuera mi hijo predilecto, mi hijo pródigo, por cuyo destino jamás temo y cuya buena estrella roja conozco y sé que nadie lo violará, nadie lo robará, mientras rebota y rebota, y en dos horas estará durmiendo junto a su asquerosa lámpara inglesa de mesa.

Posted by sicboy in

…Probablemente a muchos agradará el tono indiferente con que inicio estas reflexiones, y sin embargo no serán pocos los que no resistan las esperanzas de sus propios anhelos. Pues es precisamente a aquellos que estaban destinados a ser felices, los que más soporífero encuentran lo que digo; si me ha acompañado a través de los últimos dos párrafos, sepa que usted es una de las tristes existencias hacia las que en verdad me dirijo. No espero engañarlo en ningún modo, y me impongo una tal disciplina que a los demasiados felices les pareceré pesado y puntilloso; no habrá de ser tal para usted. Sé que un gran número de veces se ha preguntado ¿Por qué no soy feliz? De seguro no ha tenido el valor para hacerlo en voz alta. Un absurdo sentido de dignidad intelectual le impide articular ciertas palabras con la naturalidad con la que se cuelgan las otras de su larga boca. Amor, felicidad, familia, todas ellas adquieren la consistencia pastosa de una irascible torpeza. Sin embargo no ha dejado incluso de adelantar soluciones, y déjeme decirle, para empezar, que todas son estúpidas. Entienda que no es mi intención entregarme a crueldades innecesarias; es menester que entienda como todo lo que ha pensado sobre la felicidad es estúpido. (Ya explicaré el sentido profundo de aquella frase). Pero para no parecer exageradamente oracular, déjeme en mor de la argumentación entregarme a aquel triste uso y a aquella estupidez. Pensemos ¿Qué es la felicidad?

Ante todo no tengo un solo recuerdo que sea feliz, y de seguro le pasa lo mismo a usted. Definitivamente, si la felicidad fuese algo, sería algo absoluto. Como con la verdad, solo podríamos creer en la felicidad al percibirla tan indiscutible como imperecedera. Será inútil traer a la memoria alguna anécdota de amigos perdidos, alguna declaración sincera de cariño que se nos haya hecho en el pasado, o incluso, en los limites de la desesperación, aquellas experiencias anodinas y simplonas que sobreestimamos al llamarlas “hedonistas”. Nada de eso logrará arrancarnos la más leve sonrisa, ningún buen recuerdo nos hará olvidar el contraste entre el presente y el pasado, nada llenará esa carencia innegable que ha hecho de nuestra vida un incomprensible naufragio. ¿Cómo podría un recuerdo hacernos feliz? El valiente que quisiera llevar al extremo ese intento no llegara más lejos de la alucinación simple. Vagará solo por las calles, rehuirá hasta de sus más entrañables amistades, solo para terminar despreciando al pan del que se alimenta al no encontrar en el la consistencia de sus delirios salivales… Y sin embargo, aquel loco será mas noble que aquel otro insensato, más habitual y despreciable, que cree engañarse a si mismo al hacer el elogio de sus dificultades. Solemos escuchar a ese necio decir “lo que importa no es la meta, tanto como el camino”. Cree encontrar la esencia de su felicidad en sus desgracias ¡Vaya paradoja, que hayamos encontrado nuestra felicidad en la infelicidad¡ Ante tan patente falta de lógica y de razón, la inteligencia ofendida no puede hacer más que callar e indignarse.

Si ves a alguien en la calle hacer el elogio de sus dificultades, de seguro es que quiere arrojártelas. Lo mejor será, pues, seguir de largo y dejar que aquel hombre se abandone a sus incomprensibles placeres. Porque nosotros, los que conservamos algo de sentido común, sabemos que no hay nada de divertido en tratar de estirar el sueldo hasta fin de mes… No, no es divertido pintar una cerca, como nos asegura Tom Sawyer, no es edificante discutir interminablemente de política, no es saludable sufrir de amores, y no hay felicidad en el padecer…

Posted by thorik in

El hombre es un copula-madres loco, miembro orgulloso del club de los belicistas, amante de los clamores épicos, el estruendo del metal y las extremidades cercenadas.

Luego su triste país genocida entra en guerra con los vecinos y de pronto tanta película, tanto libro, tanto poema, se convierten en mamarrachos de niños drogados con desenfriolito en el jardín infantil continental. Ahora le resulta muy difícil empuñar la espada de la indiferencia, sobre todo cuando piensa en ella sepultada por los escombros de un edificio en llamas. O en su hermano atrapado para siempre y sin uñas, en una ciudad que no le pertenece sin posibilidad de retorno. O en su madre sonriente incapaz de entender el beso del plomo y la eterna explicación de nuestra condición inherente de simios hambrientos y de vacas con rabia. Se suponía que las guerras debían tener un componente épico, grandes máquinas de destrucción masiva, aspiraciones democráticas o a lo sumo un pozo de petróleo y una mujer para violar.

Entonces emprende una cruzada de un pacifismo apanado con los pocos, muy pocos que LE rodean y LE quieren, que flotan con él sobre los campos de rellena y tamales boyacenses. Pero a nadie le importa realmente lo que pase mañana y no es justo culparlos, si tenemos en cuenta que responde a una costumbre ancestral de ignorar, al calor de un brandy y un puchero.

La única respuesta que recibe luego de sus discursos/cantares épicos: “Por favor, al salir apague la luz”.

Posted by Ferro in

Soy un objeto a punto de sufrir un colapso gravitacional. Escúchenme bien, hombres y mujeres. Mujeres primero: no pretendo enamorar a nadie. A ninguna de ustedes. Ya no. Pero sigan alisando sus cabellos y usando esas fragancias frutales después de la ducha. Fresa o pera, mis preferidas. No pasan de moda. Hombres: ya podrán advertir que,  a pesar de recordar lo de las futas y el olor de las mujeres de piernas gruesas y cuellos de algodón,  no tengo en mente intentar algo con las suyas, así que tranquilos. Si doy un paso, estallo en mil pedazos, o me desintegro más rápido que la propia velocidad de la luz. Me contienen partículas rebeldes, y su comportamiento es impredecible. Quedamos advertidos.

Hombres y mujeres: tampoco soy un poeta. Los poetas no habrían llegado nunca a este punto. Por lo menos no los más recientes, los que aúllan toda clase de gansadas en los parques, los que persiguen colegialas y universitarias precoces  fáciles de impresionar. Ya no hay misterios. La oscuridad es ahora una certeza matemática, infalible y desprovista de belleza. No soy nada de lo que piensan. Y tampoco estoy loco.


Estoy pensando.

Y estoy preocupado, porque lo que me ocurre en estos momentos también le puede estar ocurriendo a cualquiera de ustedes. Sí, como un efecto dominó. Puedo verlo. Estoy pensando que resulta tan improbable percatarse del colapso gravitacional de una persona, que si tengo suerte de salir de esta sin ser encerrado en una casa de locos, o reclutado contra mi voluntad para grabar temporadas a término indefinido de un magazín televisivo de curiosidades matutinas,  podré ver cómo cambiarán tantas cosas: la manera en que nos cepillamos los dientes, la manera en que pelamos las papas y las zanahorias, y así. Se llegará incluso a pensar: ¿Por qué mierdas tengo que pelar esta zanahoria? O también:  ¿Si apago la luz, qué podrá ocurrirme?.
Dormir con la luz encendida, sin importar que los ecologistas ardan de indignación. Morirán ellos primeros que usted, se lo aseguro. Aneurismas o trombosis rectales. Claro que uno no estará tan lejos de un cuadro nervioso así de grave. No, para qué mentirnos. Si logramos sobrevivir al colapso gravitacional individual, nada de lo que hagamos parecerá seguro. Nada, óigase bien, nada de lo que ése o ésa hagan, saldrá de la categoría de terrorismo doméstico.

Posted by thorik in

Mil y una veces ella se repite. Su mueca replicada hasta la saciedad se convierte ante mis ojos en algo repugnante y desnaturalizado: la máscara diabólica de una humanidad vanidosa y frívola que tiene a recular cada vez que es impactada por una descarga de luz directa y deslumbrante. Basta con mirarla fijamente durante algunos segundos para sentir las náuseas irremediables y presenciar su desintegración, el contorno que se derrite como un pedazo de chocolate al sol y abandona su fachada utilitaria para revelar por fin la nuez triste y atemorizada ante la posibilidad de perder un nuevo trozo de alma.

Lo más sorprendente es llegar a la vejez con algún residuo espiritual y todavía poder sonreír.

Es como imprimir la palabra “coto” en letras gigantes sobre una hoja de papel y leerla a una nariz de distancia durante un rato. En poco tiempo perderá su significado y se convertirá en poco menos que líneas, curvas y gotas de tinta.

Posted by thorik in

Amor y odio en el mismo caldo cultural. “Remarkable, permanent gains to your equipment - your girlfriend will never be happier!”. Y la imposibilidad de escapar a la penetración en todo sentido y agujero, de sus traumas, sueños, aspiraciones, héroes, comidas rápidas, nombres y ‘gadgets’(!).“Try it today and see women fall in love with you all over again”. Desde el ciudadano más pobre hasta el más medio (los ricos habitan otro país diferente). “She can’t stand it, she’ll play with it all day long.”. Una densa red compuesta por pulgadas y pulgadas de masculinidades abstractas y feminidades insatisfechas. “Sick and tired of being unhappy with your small size? With this solution, you can add inches easily”. Como si la vida de todos girara entorno a la dicotomía ‘Capitán del equipo de football’ vs. ‘Capitana de cheerleaders’. “Proven effect on your boner!”. O en la dictomía “Spree killer vs. Serial killer”. “Do wilder things with your new big phallus!”. O en la dicotomía “Freedom fighter” vs. “Terrorist”. “Ever been ashamed of the size of your dick?”.