¿Política y filosofía?

Creo que a ninguno de los creadores originales del proyecto Revista (Sic), se le pasó por la cabeza que en algún momento, esa idea surgida del ocio pero con la intención de hacerla menos ociosa (¿productiva?), fuese a tener un espacio para hablar de política y filosofía, dos materias consideradas tan fecales como ellas solas.

Sí, existe esa concepción errónea respecto de las dos, y probablemente sea usted un adepto. Una y otra resultan angustiosamente insoportables para los desprevenidos oídos, e insoportablemente ilegibles para los desacostumbrados ojos.

El que habla o escribe de política, habla o escribe “mierda”; y el que habla o escribe de filosofía, pues también, pero es un género metafísico de “mierda”. En otras palabras, uno y otro están cagados.

Sin embargo, un pequeño giro caleidoscópico permitió que este par de sujetos que hoy nos presentamos y les damos la bienvenida (o la despedida), pudiésemos dedicarnos a escribir sobre lo que menos le gusta a usted, pero lo que más nos gusta a nosotros: política y filosofía.

Y como al que le gusta le sabe, y no es que nos gusten las porquerías (al menos no cualquier porquería), eso haremos. Tomando el riesgo de ser tildados con toda clase de adjetivaciones y exclamaciones.

Así pues, intentaremos untarlos con nuestros incomprendidos y despreciados temas, y aunque no esperamos nada, como debe ser- nunca hay que esperar nada- guardamos la tímida esperanza de que si va hablar lo que considera usted MIERDA, por lo menos la hable bien.