Jazz casual

Extrañaba meter la nariz por entre sus cabellos y empaparme de su olor a tierra, a ramas y raíces húmedas. Nunca le pregunté por qué olía así, cobarde como era. A las mujeres es mejor imaginárselas, sin importar lo cercan que estén. Es mejor no preguntar…

- No te voy a dejar dormir… hasta que me digas algo que me sorprenda.

También extrañaba – lo confieso – su bellos momentos de caprichosa insistencia, cuando perseguía a través de la peores preguntas una confesión que nunca pude elaborar…

- Qué te puedo decir… fantaseo todo el día con vos ¿sabes?. Pero nunca una escena específica… a veces solo pienso en una palabra como coño y en cómo te la grito, te la susurro y te la oigo repetir…

Guardo por un momento un silencio que me hizo pensar en todas las cosas que me harían olvidarla, las pocas que le recordarían a ella mi existencia. De repente me rodeó con sus brazos, susurrando con la voz ronca con la que se animaba a decir obscenidades

- Dime lo que quieras que haga y lo haré.

Nada es más detestable que un error sincero.

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