El fracaso de Schwarz Sonne*

En 1986, el esteta, filólogo y curador hispano-francés Ignacio Ferro fue contratado por un noticiero de la televisión alemana para que estuviera al frente de un breve espacio de opinión que aparecía durante los últimos cinco minutos del telediario. La sección fue pionera en algo que años después evolucionó en las famosas píldoras de opinión para rellenar tiempo muerto en los noticieros, y que de paso han servido a productores y dueños de los canales para hacerse a ganancias nada despreciables amén de la comercialización de estos espacios. “Otra ventaja de vivir en la Alemania Occidental, dijo Ferro mientras firmaba un millonario contrato con la televisora.
Así pues, fue una joven cerveza llamada Shwarz Sonne la elegida para pautar en el espacio de opinión a cargo del gran intelectual. Para fortuna de los televidentes alemanes, la cerveza fue un indiscutible fracaso (sabía a maíz podrido, dijeron entonces muchos alemanes expertos en el tema). En menos de lo que tardaba Ferro en rascarse la nariz antes de cada emisión, cerveza, segmento de opinión y pensador hispano-francés salieron en medio de abucheos por la puerta de atrás de los estudios de grabación.

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Fieles a nuestra obsesión por fiascos de esta guisa, y llenos de nostalgia por el siempre querido Ferro, los editores de la Revista (sic) presentaremos en varias entregas algunas de las ‘máximas’ que Ferro alcanzó a regalarles a los televidentes germanos:

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Agosto 22 de 1986. Monsieur Ferro en BundesSehen TV. Patrocinado por la cerveza Schwarz Sonne.
“Los domingos y la Trompa de Eustaquio”

In: La importancia de la conciencia de los días, mis queridos televidentes de esta Alemania occidental, puede compararse con la irremplazable tranquilidad que nos aseguramos al tener nuestros oídos limpios. Un descuido y somos presa del desequilibrio, víctimas indefensas del vértigo.

Insert: imágenes de la película “Vértigo” de Hitchcock.

Corte: zoom in al rostro de Ferro.

In: ¿Qué hacer entonces para tener oídos limpios y no perder la conciencia de nuestros días? Hummm…Verán, hace años un amigo poeta me confesaba que nada le producía más incertidumbre que no saber a ciencia cierta en qué día vivía. Y yo mismo fui víctima de esta espantosa confusión, porque en algunas ocasiones tuve que soportar la visión de este querido amigo vistiendo trusas ajustadas al cuerpo y camisones de seda— su atuendo de domingo— en un agitado día de semana, digamos un miércoles. Esta desgracia, sumada a otras por el estilo, me dio fuerzas para empezar una reflexión fisio-filosófica acerca de la relación entre la inconciencia de los días y el aseo de los oídos, esto por la importancia que tienen éstos en la sensación de equilibrio en un ser humano. Rápidamente empecé a identificar patrones determinantes a medida que avanzaba en mis lecturas y pasaba horas en el laboratorio, diseccionado cadáveres de tailandeses** desconocidos. Uno de los primeros hallazgos significativos tuvo que ver con la inusual amplitud del conducto auditivo externo de estos cadáveres asiáticos. Sin dificultad podía uno introducir buena parte de una botella de cerveza Schwarz Sonne, hasta llegar a la Trompa de Eustaquio, práctica impensable para un ciudadano occidental. Por supuesto, la cantidad de porquerías encontrada en los conductos auditivos de los cadáveres orientales era proporcional a su exagerado diámetro, pero, con todo, podía verse que la presencia del cochambre no bastaba para entorpecer la circulación de las ondas sonoras, y, sobre todo, no parecía ser una causa de pérdida del equilibrio. Si bien este hallazgo me alentó a seguir hurgando en los cuerpos sin vida de los tailandeses por un buen tiempo, no tardé mucho en descubrir la futilidad de mi empresa fisio-filosófica. Una tarde de otoño, mientras conversaba con otro amigo poeta, (éste por fortuna a salvo del mal de la inconciencia de los días, a diferencia del primero) surgió en la conversación la existencia de unos antiguos aforismos tailandeses del siglo X después de Cristo que mi amigo acababa de encontrar en una subasta de libros viejos en Ámsterdam. Esa misma tarde el buen poeta tuvo la cortesía de enseñarme aquel viejo libro de aforismos titulado “El hombre es un dios con ojos de animal furioso”
Aquí algunas perlas consignadas en sus páginas:

“El hombre es un dios con ojos de animal furioso, porque no gusta del sol ni de sus sucios modales. Bien sabido es que nada puede ser más descortés que presentarse en algún lugar sin haber sido invitado. Por eso, el hombre es un dios con ojos de animal furioso que nada sufre por la predecible vulgaridad de los amaneceres y los atardeceres.

“ Ong-Yang fue el nombre del más grande estafador que nuestra aldea ha visto nacer; juraba siempre ante el sol y ante las estrellas que el día domingo te pagaría el dinero que incautamente le habías prestado”

“La invención de los días es un crimen que debe cobrársele a los perversos poetas griegos, quienes inspirados en su mitología degenerada, y en sus disparatadas teorías de los astros, dieron nombres apologéticos y pretenciosos al ordinario devenir del universo, como si esto fuera importante para nosotros los hombres”

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*Schwarz Sonne: sol negro, en alemán.
** En algunos países asiáticos, la ley permite que los cadáveres no reclamados sean usados con propósitos investigativos.

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