Archive for month April, 2008

Gran Enciclopedia de la higiene y las buenas maneras en la mesa SIC

Friday, April 18th, 2008

Fascículo 1.

 

Paquetismo
 

a. Definición 

Término que se utiliza para designar a una curiosa patología recién documentada en un estudio llamado ”Stupidité et hanches: paquetisme” escrito por Marcell A. Teressoux, proctólogo e investigador genético de la Universidad del Lion. Teressoux, tras diagnosticarse a sí mismo la enfermedad, invirtió grandes esfuerzos en la búsqueda del origen de este mal, sin ningún tipo de éxito. Se define por paquete al hombre que, siendo clínicamente un imbécil, decide tomar una actitud de autosuficiencia, desatino acompañado por caderas voluminosas y un andar entorpecido y grotesco. El paquetismo no distingue credo, raza o clase social. Usualmente ataca saliendo de los 20 años y tiene su etapa terminal bordeando los 30. No hay tratamiento conocido, aunque los científicos le siguen la pista a la enfermedad y han logrado detectar que toda esta mala sangre suele acumularse principalmente en las arterias que irrigan a las caderas, produciendo la inflamación de éstas y siendo el hombre caderón muy propenso a sufrir de paquetismo.

El genetista Michael Wigam insinuó una teoría en la que se presentaba al paquetismo como una aberración cromosómica, semejante al ”Síndrome de Patau” o al ”Mal de la Tetilla Púrpura”, pero sus resultados fueron rápidamente desestimados por las revistas de divulgación científica, debido a notables imprecisiones en la toma de muestras, al descubrirse que uno de los pacientes examinados era hermano de sangre de Wigam y que éste había modificado los resultados en el laboratorio, para disfrazar de ”paquetismo” un simple caso de síndrome del abdomen en ciruela pasa de su hermano, aprovechando la similitud entre los síntomas de ambas enfermedades. El consenso de la comunidad científica afirma que el mal se debería a la ”trisomía del cromosoma 17”, 4 grados por debajo del Síndrome de Down. Todas estas aproximaciones a la raíz genética del paquetismo fueron finalmente tachadas al examinar los cariotipos de tres paquetes y encontrar diferencias considerables entre el mosaisismo presente en cada uno. Hasta ahora nadie se ha atrevido a publicar un nuevo trabajo sobre la enfermedad.

 

 

b. Síntomas

 

 

Etapas tempranas

 

1. Dificultad para expresarse con solvencia.

2. Durante la primera etapa de la incubación de la enfermedad, dolor en las caderas y en los pezones.

3. Halitosis severa.

4. Espasmos en las plantas de los pies.

5. Delirios de grandeza.

 

 

Etapa intermedia

 

1. Dilatación de esfínteres nocturna, con leve emisión de gases.

2. Engrosamiento de las caderas.

3. Dificultad para subir escaleras.

4. Perdida progresiva de la lucidez.
 

Etapa terminal

 

1. Perdida total de la razón.

2. Inapetencia sexual.

3. Mal olor general.

4. La cadera se torna esponjosa y duele el miccionar.

5. Flatulencia incontrolable.

6. Estado de apaquetamiento irreversible (permanencia perpetua de todos los síntomas anteriormente descritos).

Repercusiones sociales de la enfermedad 

a. Corrección léxica

La etimología del término reside en una expresión que muchos hombres utilizaban para referirse a los jugadores de fútbol incompetentes como “paquetes”. Este adjetivo improvisado era común en la lengua callejera para denominar a aquellos futbolistas que, en apariencia, contaban con cualidades suficientes para desempeñarse de manera esplendorosa. El señalamiento caía, por lo general, sobre extranjeros, dotados de una belleza extraña y exótica para la región (casi siempre provenientes del cono sur de Suramérica). Los locutores deportivos, especie común en el sur occidente colombiano, solían definir la naturaleza de estos forasteros con un apesadumbrado susurro, mientras trataban de alejarse del micrófono: “qué paquete, pero qué paquete”.

 b. Paquetismo como aberración

Es bastante el tiempo que en la actualidad se invierte en foros y asambleas para discutir el estatus ético y moral de la práctica del paquetismo. Si bien en sus inicios fue considerado como una aberración (se han documentado casos de linchamientos y desapariciones forzosas de jugadores argentinos y paraguayos que fracasaron en su aventura futbolística por tierras colombianas), hoy es claro que se trata de una enfermedad que se presenta en un alto porcentaje en filósofos y poetas colombianos y centroamericanos. Quienes persiguen a los paquetes han descubierto con preocupación que en la actualidad el paquetismo se presenta en verdaderos profesionales, como ingenieros de sistemas y abogados. Se ha observado que la obesidad y el onanismo manifiesto están relacionados de manera directa con  el paquetismo, razón por la cual los detractores acusan a los paquetes de  promover prácticas malsanas y  de dar un ejemplo reprochable a las futuras generaciones.

Los paquetes que insisten en dar al paquetismo un estatus de corriente metafilosófica  ganaron una batalla legal en el 2003, en un tribunal de Santiago de Cali. Mediante resolución 006797-11 de 2003, los representantes más destacados del paquetismo (Poetas y filósofos colombianos) lograron situar al paquetismo como una corriente posterior a la filosofía ordinaria, cuyos practicantes cuentan con los mismos derechos que cualquier otro ciudadano.

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Los viernes con Celerino, qué cosa más seria (trip trip trip)

Monday, April 14th, 2008

La comida ha estado increíble y la sobremesa mejor, con el tema de Auschwitz en un plato con lyches y pienso en razas inferiores y más que razas en seres inferiores que son la vergüenza de nuestra desvergonzada especie. Entonces llega Maria Fernanda con dos sujetos (de pruebas), el uno conocido y ameno, el otro un mequetrefe triste completamente convencido de su discurso barato y solapado, convencido de tener el humor más corrosivo de la comarca, de haber visto el mundo que HAY que ver, de poder juzgarme solo porque utilizo un sombrero y tengo la barba de español. Tal es su grado de desfachatez que se auto denomina “artista digital”, y por un instante siento que voy a devolver los suculentos trozos de lomo que Santiago tan generosamente ha preparado.

Empiezo a dejarme llevar por esas olas rabiosas de su estupidez, y le digo que parece argentino, tal vez por su nariz de señora, o por su peluqueado de señora, o por su nombre que rebota como una pelota de niño con problemas de aprendizaje (Renato), un híbrido de juguete con sapo gracioso, con lemur y marioneta. Le causa enorme gracia cuanto utilizo la palabra ‘hibrido’, y es porque no sabe que la utilizo para denominar lo más bajo de la construcción mental y real, un ser sin descendencia, o al menos yo quisiera que nunca esparciera sus genes (genética!) por nuestro ya disminuido mundo de lemures y marionetas.

Descubro que más que una marioneta es una rata moribunda que se presta al juego sádico del gato que la ha cazado, y rebota contra las paredes dejando manchones de inmundicia. La conversación llega a su punto álgido, conmigo auto-inflingiéndome cortaduras de humillación, solo por el placer de ver la ratita responder enceguecida. Y entonces la chispa mística-telepática, aparece Celerino con unos deseos irrefrenables de asesinar a golpes a la ratita, de sacarla de su agonía y arruinarle el rato al gato que la mueve como un juguete-marioneta. La cordura social acude al rescate y Renato salva su pellejo, con una sonrisa de rata moribunda que sabe que su destino está sellado, tal vez no esa noche, pero alguna noche en la que sus prejuicios se toparán con algún ser intolerante y armado.

Llegamos a la fiesta donde todo es penumbra. La venganza del gato es dulce sobre las pequeñas ratitas sin plata, y meto mi dedo en la asquerosa llaga de Renato hasta hacerla sangrar, y devuelvo al río toda la mierda que pesqué y la marioneta escucha impotente como todo el odio que sembró se le devuelve en la cara como un vómito hacia el cielo, y termina por ceder, como todos las ratas, por adorarme, por confesarme que después de todo le caigo muy bien y yo solo sonrío con todo mi asco por su debilidad, su mérito para ingresar en una cámara de gas. Y entonces de nuevo la chispa, que ahora ya no es una mera chispa en la penumbra, sino una conflagración rabiosa, y Celerino encuentra nuevas ratitas moribundas para jugar, para enseñarle a sus hijos invisibles cómo se caza, como se manipula una presa, y como toda presa se resiste, lucha, patalea, y termina por ceder también, por engrosar la fila de la cámara de gas, donde se exhiben los infrahumanos ridículos que jamás entenderán (KNOW, not FEAR) que algún día morirán. Y mientras yo me siento a reposar mi cortejo, mi complejo, Celerino estalla en un arranque de sinceridad realmente corrosiva, de gato ensañado con la rata moribunda y debemos salir sonriendo del apartamento, pero ahora mi gran amigo es un manojo de vidrio, mientras yo lo soy de concreto, y escucho a Maria Fernanda lanzar sus consignas de odio hacia mí, convencida de mis méritos para engrosar la fila de la cámara, empleando mi propia vida contra mí, con esa forma que tiene de aglutinar la mierda de los otros para después ponérsela en la puerta de la casa, ella es la verdadera artista de la familia. Yo me limito a sonreír, y a ver a Celerino dilapidar vidrios y fuerza y odio y vuelvo a sonreír al recordar que la noche había empezado con una sentencia de irritabilidad y monstruos, y que el conjuro del mago salió por el lado equivocado del sombrero. Y a ver a mi amigo correr cuesta abajo, no en patines como la noche, pero si por la macarena cuesta abajo y Maria Fernanda empieza a llorar y a abandonar el bando de los gatos y a volverse ratita y a engrosar la fila, y a pedirme perdón con un amor que casi podría creerse verdadero, y a tomar mi mano, a buscar la zarpa del gato que no la suelta y vuelvo a sonreír porque al final todos terminan buscando la garra, pidiendo perdón, confesando admiración y respeto por esa capacidad de aguantar mierda y sonreír, de desconfiar, de mirar con desdén y escepticismo a la especie que pertenezco, de rehusarse a engrosar la fila, a atestar al cámara. Ahora es Celerino el que rebota más allá de nuestro alcance y Maria Fernanda sigue llorando convencida de que será la última vez que lo vea, mientras yo le hablo por celular, como si fuera mi hijo predilecto, mi hijo pródigo, por cuyo destino jamás temo y cuya buena estrella roja conozco y sé que nadie lo violará, nadie lo robará, mientras rebota y rebota, y en dos horas estará durmiendo junto a su asquerosa lámpara inglesa de mesa.

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