Extractos de un ensayo sobre la felicidad
…Probablemente a muchos agradará el tono indiferente con que inicio estas reflexiones, y sin embargo no serán pocos los que no resistan las esperanzas de sus propios anhelos. Pues es precisamente a aquellos que estaban destinados a ser felices, los que más soporífero encuentran lo que digo; si me ha acompañado a través de los últimos dos párrafos, sepa que usted es una de las tristes existencias hacia las que en verdad me dirijo. No espero engañarlo en ningún modo, y me impongo una tal disciplina que a los demasiados felices les pareceré pesado y puntilloso; no habrá de ser tal para usted. Sé que un gran número de veces se ha preguntado ¿Por qué no soy feliz? De seguro no ha tenido el valor para hacerlo en voz alta. Un absurdo sentido de dignidad intelectual le impide articular ciertas palabras con la naturalidad con la que se cuelgan las otras de su larga boca. Amor, felicidad, familia, todas ellas adquieren la consistencia pastosa de una irascible torpeza. Sin embargo no ha dejado incluso de adelantar soluciones, y déjeme decirle, para empezar, que todas son estúpidas. Entienda que no es mi intención entregarme a crueldades innecesarias; es menester que entienda como todo lo que ha pensado sobre la felicidad es estúpido. (Ya explicaré el sentido profundo de aquella frase). Pero para no parecer exageradamente oracular, déjeme en mor de la argumentación entregarme a aquel triste uso y a aquella estupidez. Pensemos ¿Qué es la felicidad?
Ante todo no tengo un solo recuerdo que sea feliz, y de seguro le pasa lo mismo a usted. Definitivamente, si la felicidad fuese algo, sería algo absoluto. Como con la verdad, solo podríamos creer en la felicidad al percibirla tan indiscutible como imperecedera. Será inútil traer a la memoria alguna anécdota de amigos perdidos, alguna declaración sincera de cariño que se nos haya hecho en el pasado, o incluso, en los limites de la desesperación, aquellas experiencias anodinas y simplonas que sobreestimamos al llamarlas “hedonistas”. Nada de eso logrará arrancarnos la más leve sonrisa, ningún buen recuerdo nos hará olvidar el contraste entre el presente y el pasado, nada llenará esa carencia innegable que ha hecho de nuestra vida un incomprensible naufragio. ¿Cómo podría un recuerdo hacernos feliz? El valiente que quisiera llevar al extremo ese intento no llegara más lejos de la alucinación simple. Vagará solo por las calles, rehuirá hasta de sus más entrañables amistades, solo para terminar despreciando al pan del que se alimenta al no encontrar en el la consistencia de sus delirios salivales… Y sin embargo, aquel loco será mas noble que aquel otro insensato, más habitual y despreciable, que cree engañarse a si mismo al hacer el elogio de sus dificultades. Solemos escuchar a ese necio decir “lo que importa no es la meta, tanto como el camino”. Cree encontrar la esencia de su felicidad en sus desgracias ¡Vaya paradoja, que hayamos encontrado nuestra felicidad en la infelicidad¡ Ante tan patente falta de lógica y de razón, la inteligencia ofendida no puede hacer más que callar e indignarse.
Si ves a alguien en la calle hacer el elogio de sus dificultades, de seguro es que quiere arrojártelas. Lo mejor será, pues, seguir de largo y dejar que aquel hombre se abandone a sus incomprensibles placeres. Porque nosotros, los que conservamos algo de sentido común, sabemos que no hay nada de divertido en tratar de estirar el sueldo hasta fin de mes… No, no es divertido pintar una cerca, como nos asegura Tom Sawyer, no es edificante discutir interminablemente de política, no es saludable sufrir de amores, y no hay felicidad en el padecer…