Archive for month March, 2008

Extractos de un ensayo sobre la felicidad

Friday, March 28th, 2008

…Probablemente a muchos agradará el tono indiferente con que inicio estas reflexiones, y sin embargo no serán pocos los que no resistan las esperanzas de sus propios anhelos. Pues es precisamente a aquellos que estaban destinados a ser felices, los que más soporífero encuentran lo que digo; si me ha acompañado a través de los últimos dos párrafos, sepa que usted es una de las tristes existencias hacia las que en verdad me dirijo. No espero engañarlo en ningún modo, y me impongo una tal disciplina que a los demasiados felices les pareceré pesado y puntilloso; no habrá de ser tal para usted. Sé que un gran número de veces se ha preguntado ¿Por qué no soy feliz? De seguro no ha tenido el valor para hacerlo en voz alta. Un absurdo sentido de dignidad intelectual le impide articular ciertas palabras con la naturalidad con la que se cuelgan las otras de su larga boca. Amor, felicidad, familia, todas ellas adquieren la consistencia pastosa de una irascible torpeza. Sin embargo no ha dejado incluso de adelantar soluciones, y déjeme decirle, para empezar, que todas son estúpidas. Entienda que no es mi intención entregarme a crueldades innecesarias; es menester que entienda como todo lo que ha pensado sobre la felicidad es estúpido. (Ya explicaré el sentido profundo de aquella frase). Pero para no parecer exageradamente oracular, déjeme en mor de la argumentación entregarme a aquel triste uso y a aquella estupidez. Pensemos ¿Qué es la felicidad?

Ante todo no tengo un solo recuerdo que sea feliz, y de seguro le pasa lo mismo a usted. Definitivamente, si la felicidad fuese algo, sería algo absoluto. Como con la verdad, solo podríamos creer en la felicidad al percibirla tan indiscutible como imperecedera. Será inútil traer a la memoria alguna anécdota de amigos perdidos, alguna declaración sincera de cariño que se nos haya hecho en el pasado, o incluso, en los limites de la desesperación, aquellas experiencias anodinas y simplonas que sobreestimamos al llamarlas “hedonistas”. Nada de eso logrará arrancarnos la más leve sonrisa, ningún buen recuerdo nos hará olvidar el contraste entre el presente y el pasado, nada llenará esa carencia innegable que ha hecho de nuestra vida un incomprensible naufragio. ¿Cómo podría un recuerdo hacernos feliz? El valiente que quisiera llevar al extremo ese intento no llegara más lejos de la alucinación simple. Vagará solo por las calles, rehuirá hasta de sus más entrañables amistades, solo para terminar despreciando al pan del que se alimenta al no encontrar en el la consistencia de sus delirios salivales… Y sin embargo, aquel loco será mas noble que aquel otro insensato, más habitual y despreciable, que cree engañarse a si mismo al hacer el elogio de sus dificultades. Solemos escuchar a ese necio decir “lo que importa no es la meta, tanto como el camino”. Cree encontrar la esencia de su felicidad en sus desgracias ¡Vaya paradoja, que hayamos encontrado nuestra felicidad en la infelicidad¡ Ante tan patente falta de lógica y de razón, la inteligencia ofendida no puede hacer más que callar e indignarse.

Si ves a alguien en la calle hacer el elogio de sus dificultades, de seguro es que quiere arrojártelas. Lo mejor será, pues, seguir de largo y dejar que aquel hombre se abandone a sus incomprensibles placeres. Porque nosotros, los que conservamos algo de sentido común, sabemos que no hay nada de divertido en tratar de estirar el sueldo hasta fin de mes… No, no es divertido pintar una cerca, como nos asegura Tom Sawyer, no es edificante discutir interminablemente de política, no es saludable sufrir de amores, y no hay felicidad en el padecer…

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Al salir apague la luz

Friday, March 28th, 2008

El hombre es un copula-madres loco, miembro orgulloso del club de los belicistas, amante de los clamores épicos, el estruendo del metal y las extremidades cercenadas.

Luego su triste país genocida entra en guerra con los vecinos y de pronto tanta película, tanto libro, tanto poema, se convierten en mamarrachos de niños drogados con desenfriolito en el jardín infantil continental. Ahora le resulta muy difícil empuñar la espada de la indiferencia, sobre todo cuando piensa en ella sepultada por los escombros de un edificio en llamas. O en su hermano atrapado para siempre y sin uñas, en una ciudad que no le pertenece sin posibilidad de retorno. O en su madre sonriente incapaz de entender el beso del plomo y la eterna explicación de nuestra condición inherente de simios hambrientos y de vacas con rabia. Se suponía que las guerras debían tener un componente épico, grandes máquinas de destrucción masiva, aspiraciones democráticas o a lo sumo un pozo de petróleo y una mujer para violar.

Entonces emprende una cruzada de un pacifismo apanado con los pocos, muy pocos que LE rodean y LE quieren, que flotan con él sobre los campos de rellena y tamales boyacenses. Pero a nadie le importa realmente lo que pase mañana y no es justo culparlos, si tenemos en cuenta que responde a una costumbre ancestral de ignorar, al calor de un brandy y un puchero.

La única respuesta que recibe luego de sus discursos/cantares épicos: “Por favor, al salir apague la luz”.

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Dakota (Natanael habla)

Thursday, March 6th, 2008

Soy un objeto a punto de sufrir un colapso gravitacional. Escúchenme bien, hombres y mujeres. Mujeres primero: no pretendo enamorar a nadie. A ninguna de ustedes. Ya no. Pero sigan alisando sus cabellos y usando esas fragancias frutales después de la ducha. Fresa o pera, mis preferidas. No pasan de moda. Hombres: ya podrán advertir que,  a pesar de recordar lo de las futas y el olor de las mujeres de piernas gruesas y cuellos de algodón,  no tengo en mente intentar algo con las suyas, así que tranquilos. Si doy un paso, estallo en mil pedazos, o me desintegro más rápido que la propia velocidad de la luz. Me contienen partículas rebeldes, y su comportamiento es impredecible. Quedamos advertidos.

Hombres y mujeres: tampoco soy un poeta. Los poetas no habrían llegado nunca a este punto. Por lo menos no los más recientes, los que aúllan toda clase de gansadas en los parques, los que persiguen colegialas y universitarias precoces  fáciles de impresionar. Ya no hay misterios. La oscuridad es ahora una certeza matemática, infalible y desprovista de belleza. No soy nada de lo que piensan. Y tampoco estoy loco.


Estoy pensando.

Y estoy preocupado, porque lo que me ocurre en estos momentos también le puede estar ocurriendo a cualquiera de ustedes. Sí, como un efecto dominó. Puedo verlo. Estoy pensando que resulta tan improbable percatarse del colapso gravitacional de una persona, que si tengo suerte de salir de esta sin ser encerrado en una casa de locos, o reclutado contra mi voluntad para grabar temporadas a término indefinido de un magazín televisivo de curiosidades matutinas,  podré ver cómo cambiarán tantas cosas: la manera en que nos cepillamos los dientes, la manera en que pelamos las papas y las zanahorias, y así. Se llegará incluso a pensar: ¿Por qué mierdas tengo que pelar esta zanahoria? O también:  ¿Si apago la luz, qué podrá ocurrirme?.
Dormir con la luz encendida, sin importar que los ecologistas ardan de indignación. Morirán ellos primeros que usted, se lo aseguro. Aneurismas o trombosis rectales. Claro que uno no estará tan lejos de un cuadro nervioso así de grave. No, para qué mentirnos. Si logramos sobrevivir al colapso gravitacional individual, nada de lo que hagamos parecerá seguro. Nada, óigase bien, nada de lo que ése o ésa hagan, saldrá de la categoría de terrorismo doméstico.

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Sonrisa e’ foto

Saturday, March 1st, 2008

Mil y una veces ella se repite. Su mueca replicada hasta la saciedad se convierte ante mis ojos en algo repugnante y desnaturalizado: la máscara diabólica de una humanidad vanidosa y frívola que tiene a recular cada vez que es impactada por una descarga de luz directa y deslumbrante. Basta con mirarla fijamente durante algunos segundos para sentir las náuseas irremediables y presenciar su desintegración, el contorno que se derrite como un pedazo de chocolate al sol y abandona su fachada utilitaria para revelar por fin la nuez triste y atemorizada ante la posibilidad de perder un nuevo trozo de alma.

Lo más sorprendente es llegar a la vejez con algún residuo espiritual y todavía poder sonreír.

Es como imprimir la palabra “coto” en letras gigantes sobre una hoja de papel y leerla a una nariz de distancia durante un rato. En poco tiempo perderá su significado y se convertirá en poco menos que líneas, curvas y gotas de tinta.

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