Archive for month October, 2007

Luck and Death

Tuesday, October 23rd, 2007

Mientras junto a uno de los cadáveres solo se leía un escueto “Luck and death” escrito con sangre, la mano del segundo se aferraba a un sobre cerrado…

“Mis queridos hermanos de paranoia:

Dejo este mundo adicto a los combustibles fósiles con la certeza de haber desdeñado cuanto pude a la insaciable compulsividad humana. Que nunca se diga que fui producto de la genialidad tanto como de la paciencia. Que no se me juzgue por haber espiado al vecino a través de la persiana entreabierta, o por haber amado a una mujer a través de una foto, llámese Isabel o Sara o Incisa.
No me culpo por la crueldad de los sabios y poderosos, a tiempo estoy de-terminar mi parlamento mientras lo único que compartimos es la necesidad de comer y cagar.
Comer y cagar y limpiar chimeneas obstruidas, en especial las que pertenecían a mis queridas desilusiones desnudas.

Dirán que fui como el pellizco cariñoso de una tía, como un cristo borracho sobre una nube voladora, como el papel cuando se moja o como las damas que viven de tomar la presión sanguínea en los aeropuertos.

Mañana moriré en vida, si muerto he vivido estas décadas amargas. O viviré en la muerte, si logro llegar puntual para pronunciar el discurso fúnebre de todos nosotros.

Mil y mil.

S.Y.I.H.”

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No mandé matar a Galán

Saturday, October 20th, 2007

Rudy Ojete no quiso recibirnos en su casa, así que tuvimos que traerlo a nuestras oficinas para hacer la entrevista. Muy contentos estuvieron nuestros colegas con la visita del particular candidato nacido en Magangué, pero criado en las fértiles e interminables tierras del Valle del Cauca. Ferro le hizo unas cuantas preguntas que pusieron al candidato a pensar un poco en sus orígenes, su familia y sus maneras, ahora que se enfrenta a las elecciones del próximo 28 de octubre.

PROYECTO SIC: Gracias candidato por aceptar nuestra invitación. Déjeme empezar preguntándole por la gente que lo acompaña ¿Por qué estos tipos malencarados que visten camisetas negras con letreros amenazantes, como “tengo SIDA, si se acerca se la pego”?

RUDY OJETE ( Ruidosas carcajadas): No es broma. Usted sabe lo peligrosa que es esta ciudad. Hace una semana un tipo intentó venderme frutas envenenadas en un semáforo. No sé qué es lo que han hecho estos alcaldes.

PS: Hablando de eso, son muy conocidas las malas relaciones con su hermano Apolo, alcalde de esta ciudad en dos ocasiones…

R: Una vez le dije en una comida familiar que un gabinete de simios hermafroditas y yo podríamos dirigir mejor esta ciudad. Después de eso ha intentado matarme cinco veces.

PS: No es muy amigo de las críticas, ese Apolo. Pero dígame ¿Por qué disiente de manera tan profunda su posición política de la de él y la de todos sus familiares?

R: No lo sé. No tengo muchos recuerdos de mis familiares. Casi todos son vegetarianos y abstemios, además, bailaron toda clase de ritmos aberrantes en los sesentas. Dígame usted ¿confiaría la educación de sus hijos a alguien que viste siempre de blanco?

PS: Interesante. Bueno, ya entrando en lo más urgente: cuéntenos entonces cómo fue que decidió meterse en el mundo de la política.


R: Estaba estudiando fisioterapia. Tenía 19 años y conocí a una mujer 10 años mayor que yo en una rotación en Palmira. Medía casi dos metros. Enloquecí por ella, por Pamela Madrazo.

PS: Ya veo, en ese momento decidió darle otro rumbo a su vida…

R: Verá, mi padre era un hombre muy estricto, muy duro. Hecho con amargura y hambre. El viejo decía que las mujeres y la política eran un mal necesario, que el que no metía la pata por una mujer tenía medias veladas y se afeitaba las bolas. Esos eran nuestros almuerzos.

PS: Su padre era un galanista ¿Y usted?

R: Nada de comunidades. No creo en esas cosas. Nada de gente mueca y nada de gorros de tela. Tampoco me gusta el pescado y menos la gente que lo come.

PS: ¿Qué tiene entonces en mente para estas minorías?

R: Gobernaré con el corazón, no con la mente.

PS: Hace unos días, en el editorial de un periódico de circulación nacional se le tildó de peligroso, de misógino y agiotista. También se decía que su esposa es una mujer analfabeta, algo de lo que al parecer usted se enorgullece

R: También dijeron que había sido yo el autor intelectual del asesinato de Galán, y mire, ya condenaron a otro tipo…

PS: Rudy, usted nació en la costa Caribe pero se crió en el Valle por cuestiones familiares. Su padre también hizo política en este departamento y logró ser un hombre apreciado. ¿Por qué piensa lanzarse para la gobernación, habiendo manifestado en repetidas ocasiones que lo peor que le pudo haber ocurrido fue terminar viviendo en el Valle?

R: Los vallunos y los costeños nos parecemos bastante y por eso peleamos; puras tonterías. Uno pelea con las primas un día y al otro está acostándose con ellas…

PS: Es cierto que le pagó un millón de dólares a Billy Pontoni para que cante en el cierre de su campaña?

R: Es cierto. La cuestión con Billy Pontoni es que es homosexual, y a mí no me gustan los homosexuales, pero el asesor de campaña me lo recomendó, porque dice que Pontoni está de moda otra vez.

PS: Intolerante, pendenciero, machista ¿Por qué se ha ganado esta fama?

R: Si he de morir por lo que digo, más vale que sea hablando fuerte. Aquí nunca se sabe. Yo mismo he deseado quitar a un par de personas del camino, pero al final siempre termino refugiándome en mi ego y en mis animales.

PS: ¿Qué piensa hacer para sacar al departamento de tantas deudas?

R: No es mi culpa… Pero créame que le he tomado cariño a algunas gentes de por aquí. Sin embargo sigo sosteniendo que por principio uno no debe esperar nada de las personas. A esta gente le ha faltado coraje para decapitar figurines y empalar brujas.

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Reseña burlesca de la música para matar cuchas

Sunday, October 14th, 2007

Sienta la oscuridad que le sube por los alvéolos, el labio ennegrecido cuyos poros se tiñen de un pasado taumatúrgico y pagano. No tenga miedo de pronunciar sus nombres con lentitud: Akanatomb, Empalator, Bestialized, Endark, Traveller of Death, Spiritual Invader, Luciferian. El sabor impregna la boca como el humo de un buen habano o una copa de vino.

Estos cónclaves estridentes han sido bautizados con agua de caño fermentado y agua de caña fermentada, en insulsos ritos orgiásticos donde la media de estatura no supera los cinco pies. Emulan a sus ancestros espirituales cuyo legado hurtaron sin permiso y sin razón, para rondar esta tierra picha como sombras de un pasado glorioso de cabelleras doradas y viajes con todo pago al Valhala.

Su cercanía con el subsuelo los deja en una posición privilegiada y perpendicular con el patrón y su escolta de ángeles caídos. El segador guarda las proporciones de antaño y por eso su golpe pasa rasante sobre las cabezas regordetas como fuentes del alquitrán más negro, sabor-izado en la conquista y el mestizaje de sus padres de uñas negras.

Como si fuera poco, sus plegarias brotan distorsionadas por casos severos de entusiasmo flemático y espuma rabiosa, que ni siquiera el calor maternal puede sanar. Menos aún cuando dichos templos de fertilidad y sacrificios humanos son vulnerables a ser desecrated por la válvula de veneno que habita sus propios vientres.

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Por una nariz

Thursday, October 11th, 2007

Cuando un colombiano nace pobre, tiene unas enormes posibilidades (¿De volver a nacer pobre? No.) de perder sus rasgos faciales bajo una cascada de aceite hirviendo. Sea por descuido o por castigo, las madres de nuestro soberano pueblo son muy dadas a confundir sus hijos con grandes empanadas motrices.
Hay una de estas empanadas de pie frente a mí, en este bus que se tambalea por las descargas de la artillería antiaérea. Si algún día (y Dios no lo quiera) llegara a perder mis rasgos faciales, andaría con una nariz postiza, posiblemente la de Brad Pitt o la de Tom Cruise. No importa si escasean tus labios, o tus cejas y pestañas no son más que un recuerdo y a veces sientes que todavía te caen pestañas en el ojo (como el soldado que aún siente rasquiña en la pierna amputada) ; la posibilidad de un ser humano de mimetizarse entre la multidud radica en su órgano olfativo. ¿De dónde sacó este insolente una respuesta tan absurda? De aquellos dos pequeños orificios que ahora me miran como un par extra de ojos. Nadie quiere que le recuerden el momento inevitable en el que, no solo dejará de exhibir una naríz, sino que además dejará de ir a cine, o a comer, o al baño o a la cama… para siempre.

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Enseñanzas del señor Connard

Tuesday, October 9th, 2007

I.

(No llegamos a la luna comiendo espárragos)

El señor Connard ha sido abandonado por su esposa. Se ha llevado a su hijo con ella. La mujer ahora vive con un ciencista llamado Carlos, paciente lector de Og Mandino y aficionado a los almuerzos en familia. El tipo, además de dogmatizarlos con sus aberradas creencias, ha fomentado en ellos el desprecio por la carne. El señor Connard no podía permitir esto, así que aprovechó el domingo que tenía junto a su hijo para educarlo correctamente. Aquí se sigue la forma en que el preocupadísimo padre ha hecho entrar en razón al muchacho:

- Recuerda, Pablo, el hombre es hombre en tanto piensa, y sólo se puede pensar si se es carnívoro, ya ves cómo funciona el cerebro, hay ciertas proteínas en medio de todo este pellejo, tenemos que tener la cabeza aceitada y funcionando, y la sangre es nuestro aceite, Pablo, y ha funcionado así por siglos. No hemos venido aquí a armar revoluciones, todos esos intentos, tan desesperados e inútiles, como asnos tratando de enhebrar una aguja, me hacen sudar las axilas (…)

(…) - Pero no somos cañoneros, debemos cazar nuestra propia carne, carne fresca, ya ves, el color rojo es buena señal, así se sabe que no es carroña ¿no querrás que tus compañeros piensen que eres un animal carroñero? Dime Pablo ¿No querrás que se diga de ti que eres una hiena? o una vaca tonta que se alimenta de maleza y frutos caídos.

- No, no querría eso.

- Ya vas entendiendo, así son las cosas, el hombre es hombre en tanto es un asesino.

- ¿Debo matar para ser hombre?

- No necesariamente, puedes dejar que otros lo hagan por ti, eso sí, el esfuerzo de quien se ha sacrificado no se puede despreciar, toda la carne debe ser devorada – El señor Connard sacó un trozo de carne de la olla y la sostuvo frente a Pablo – vamos, hijo, muerde.

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Obscurecer del pesimismo

Tuesday, October 9th, 2007

Presentir ingenio en el gesto estético de un artista que busca una vida desgraciada es una estupidez. Entonces se podría hacer del desengaño o de la pesadumbre un movimiento conciente. En este caso se corre el peligro de creerse perseguido, incomprendido o mártir. No se sufre una desgracia sino es para sufrirla. Eso es todo. Otras versiones más románticas o degeneradas están erradas por exageradas o por melindrosas. Si bien es cierto que la atracción embrutecida del adolescente por el desastre es una condición fascinante que puede durar hasta la lejana adultez, una mirada enternecida que se fija en las úlceras es la conducta inequívoca de un desquiciado. Respecto a las malas pasadas se puede ser ingenuo pero no tierno. Si alguien le acaricia sus cicatrices, demándelo, si alguien besa su labio leporino, vomite, si algún apiadado se ofrece a empujar su silla de ruedas en los semáforos, golpéelo en la entrepierna y arrójese al chasis de un bus.

Ahora la desdicha no es atractiva y a la vez ha dejado de verse como un castigo. Pero hay que tener en cuenta que siempre se ha tenido sobreestimado al pecado, somos demasiado jóvenes para ser pesimistas, somos tan jóvenes que cien años en el mundo no nos harían viejos. Aunque tal vez le quede a uno la opción de programarse a través de la neuro-lingüística. A ver, repita la palabra: pésimo, pésimo. Ahora, grítela y agréguele el sutil encanto de los vocablos desgracia, calamidad y tragedia. Tantas palabras para referirse a la catástrofe y sus derivadas. Tan sólo una para cosas como amar o felicidad (no se le ocurra pensar que alegría o bienestar servirían, no, por favor no lo haga). Parecería que todo empezó mal desde la estructuración del idioma. Pero no, es sólo una apariencia. Tampoco es una cosa genética así como jamás se la podría explicar a través de las leyes naturales o de la metafísica. Las cosas se han dado en su justa medida. No hay de que quejarse. No hay a quien culpar o sobre quien hacer caer la furia de una venganza. Nadie tiene la fuerza moral necesaria para maldecir a otro, así las cosas podrán a usted matarlo pero no maldecirlo. Sí ve, las cosas no son tan malas. Nada tiene usted que perder más que sus extremidades o los sentidos, y eso, bueno, sólo ponga cuidado al cruzar la calle, evite nacer en países en guerra, y jamás, ojo, jamás, se suba a tapar las goteras en medio de una fuerte tempestad sino es usted acróbata o inmortal.

Intente odiar a los hombres y desconozca la existencia de una presencia superior o más antigua que usted. Si no se está para servir a un Dios tampoco se está para servir a los que están hechos a su imagen y semejanza. Se debe tener siempre presente que el servilismo puede tomar las formas más sugestivas, como formar alianzas para destruir a un tercero, caso en el cual se estaría sirviendo los intereses de un segundo, así se tenga la ridícula certeza de ser uno el que manipula. Repudiarlos, si bien puede ser en principio gratificante, terminará por convertirse en un lastre ya que, irremediablemente, en algún momento de su vida, usted se va a enamorar de uno de ellos y seguramente va a cometer el diabólico acto de la reproducción. Paso seguido será usted invadido de un fatal sentimiento de culpa y/o compasión (o culpa por la compasión) y tratará usted de explicar su estado recurriendo a algún oficio supersticioso como la psicología o la prestidigitación. El esclarecimiento de la compasión es demasiado inexacto como para que algún timador pretenda abarcarlo con la palabra o con el pensamiento. Ahora, que si usted cree poder hablar más duro que los hombres santos y asegura que su pensamiento atraviesa las ideas desde la primera y más descabellada hasta la última y más sofisticada pues hágase a una pluma y regálenos sus ideas sobre La inmensidad, Las leyes que rigen el azar, Quién es el papá de Dios o Cuál es el último número, le aseguro que pasará a la posteridad, sí, en serio.

Sí, cómo no, imposible dudarlo. I

Inténtelo, vamos, inténtelo.

Pero antes de hacerlo tenga en cuenta que todos vamos a estar pendientes. Sintaxis, tono, ortografía, ritmo, respiración y credibilidad serán revisados cuadro a cuadro. Fingiremos ignorarlo, sí, probablemente, pero vamos a estar ahí. ¿Aun así se atreve a hablar? Necio. Es recomendable fijarse antes en los claros ejemplos que nos brindan los malos poetas, los presidentes poco carismáticos y los atletas bajos de testosterona. Es mejor que nos regale la claridad de su silencio. No se evalúe, no nos evalúe. Calle. La palabra no debe ser pronunciada. Su ética esquelética no alcanza para ganarse un lugar en la conversación.

Una vez era usted joven, feliz y desempleado, pero su etapa de desposeído subsidiado pasó, debía pagar sus propia inmundicia, estaba obligado a trabajar para tomarse sus cervezas. Ya no tenía dinero para sus cosas. Ahora, que todo ese tiempo que a usted le sobraba entre despertar y dormir debía aprovecharse. Aprovecharse, ¿suena mal, no? Sí, suena mal. Entonces entró usted y se hizo asalariado (prefiere llamarse así porque obrero huele muy feo) y entonces descubrió que ya no le quedaba tiempo para tomarse las cervezas. Fue ahí que, aterrorizado, usted volteó a mirar atrás y constató que la puerta había sido cerrada con llave.

Bueno, no deje de sonreír, con el dinero ganado podrá usted abastecerse de posesiones que lucir en la oficina. Cómprese ropa nueva, de colores no muy oscuros y hágale un roto a su pantalón, no para posar de hippie o de rico venido a menos, sino para que crean que ha regresado usted de una guerra, para que crean que ha usted arriesgado su vida en defensa de algo (la patria funciona, cómo no, aunque ahora eso es muy anticuado ya que se trata de ser universal de amarlos a todos y combatir a los que no aman) y que regresó usted con hoyos en sus harapos, no mutilado, eso le traería inconvenientes a mediano plazo, sino sólo algo estropeado. Será usted un héroe y las buenas señoras lo invitaran a almorzar para que le vean sus hijos descarriados y perezosos. Será usted algo grande, tan inabarcable y al mismo tiempo tan modesto, justo y simple en su amor por la humanidad que se le olvidará fácilmente ya que usted es demasiado humilde para aspirar a la gloria.

Sí ve, el cielo se gana tan fácil.

Inténtelo, hombre. Inténtelo.

Ahora busque un equilibrio entre sus buenas acciones y sus deslices. Refiérase a los de piel oscura como negros, a los desposeídos como pobres, y a los poco agraciados como feos. Repita esas tres palabras: negro, pobre y feo. ¿Se siente mejor? Claro que no, no tiene usted porqué. Le dirán malvado, insensible o fascista. Y tendrán razón, ¿cómo se le ocurre decir ese tipo de cosas? Mejor no diga nada de eso ya que además es muy probable que usted pertenezca a una de las tres o a alguna variación (no feo pero sí muy bajito, no negro pero no tan blanco, no pobre pero con mal gusto).

El pesimismo no se ha devaluado, sólo se ha hecho invisible. No hay que engañarse, se puede uno topar con esa palabra conversando con un comerciante o con un agente de bolsa muy bien peinado, pero eso sólo significa que algunos todavía ven un enemigo donde no lo hay. Y eso está mal, créame, nadie quiere ser lactante en la tierra de la mala leche.

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Errantes

Friday, October 5th, 2007

Siempre me he preguntado por qué esos viejos seniles que andan semi desnudos diciendo sandeces y lanzando insultos terminan así. Me he preguntado si es que acaso no pudieron cambiar su destino de hombres inservibles, fieles al sarpullido en la entrepierna. Siempre se los ve ahí, acaso inofensivos y con cara de inocencia, con marcas inequívocas del paso de los años, del abandono de la lucidez y del abuso de toda clase de hierbas y pretextos para caminar desnudos y fornicar con los árboles. Ah tiempos aquéllos.

Muy seguramente llegaron a ser brillantes en esas carreras liberales ( ¿por qué les llamaban carreras?) prometedoras de un futuro lleno de admiraciones y halagos; masturbaciones y cocteles, todos juntos: poetas, pintores, y demás, empezaban a cruzar esa delgada línea entre la sensibilidad estética y la inutilidad social. Poco a poco y sin darse cuenta, como llega la incontinencia, se agota el chiste, y se termina en la calle, confundido. Muy confundido.
Barbados, alopécicos, parecieran sostener todavía el símbolo de una rebeldía simpática y el recuerdo de una lucha estéril contra un sistema invencible al que algún día pensaron abatir a punta de sonetos y bailes afeminados. Se sientan en las noches alrededor de un bote de basura que se empieza a quemar. Sólos les falta echarse al bote. Quemarse ellos mismos. Pero ya no importa. Nada importa. A nadie le importa. Querían ver la sífilis del arte, queridos lectores. Bueno, ahí tienen. El país crece y crece y la gente se come cada vez más las letras y las tildes, ven más concursos de televisión, y pronuncian mal sus propios nombres.

Estos viejos. Alegan, maldicen, pintan desgracias. Nadie cuestiona al viejo arrugado y apestoso que con su mano grasienta pide lo del pan. Nadie se pregunta cómo es que fue a parar a esa esquina ¿Para qué? Uno lo ve en la calle y siente alivio al saber que uno no es él, que no es uno el que tiene garrapatas en la ingle, claro, eso es bueno, pero lo que uno no ve, o lo que uno no quiere ver, es que uno, de cierta forma, también está así, como ellos, apestando. Sólo que con un trabajo donde no hace lo que sabe hacer, y se contenta con abrir y reenviar forwards todo el día. Dónde está la diferencia, queridos lectores.

Bellos viejos sin cordura, sin vergüenza, sin Dios ni Ley. Descalzos, pervertidos, vagabundos. Abandonados y desperdiciados, no hay nada más que hacer. Pero habrá que darse cuenta que algunos son viejos para admirar. Mandan al carajo a todo aquel que se atraviese, cagan en los parques (si es posible sobre los monumentos) y se ríen ruidosamente de sus barbaridades.

Pobres viejos con su pobre suerte buscada.

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Gente bruta y bonita

Thursday, October 4th, 2007

Justo cuando el personaje intenta asfixiarse con una almohada de plumas ( terrible imagen), la gente bruta y bonita entra por la ventana de su habitación, haciendo añicos el cristal. Una piedra o una bomba, piensa. Alguien quiere matarme, pero, piensa otra vez, con qué derecho. Se siente perseguido, incomprendido y desperdiciado. El mundo me desperdicia. El mundo me toma por dónde no es, dice en voz alta, hablándole a las fotos de Avril Lavigne que tiene pegadas en la pared, al lado de su cama.

Y así, poco a poco, ve cómo va llegando la gente. Brutos y bonitos. Tal y como él los pidió.

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La naturaleza de los objetos

Tuesday, October 2nd, 2007

Siento siempre un poco de tristeza cuando encuentro las pertenencias de mis amigos abandonadas. Ahí, sin vigilancia y sin dueño, me recuerdan a ellos mismos, desprovistos de vigilancia y dueño también. El celular al que nadie llama, la legendaria billetera jamás reemplazada en diez años. Me recuerdan el momento en el que llegaron corriendo a mí, con el objeto en la mano, para mostrármelo, sonriendo, felices. Siento lástima, por ellos y por mí: aferrados a pequeños artefactos reciclables, que miran con infinita ternura, en las noches, antes de dormir, y que besan, con los ojos cerrados y los labios húmedos, antes de ponerlos cuidadosamente sobre la mesita de noche. Relojes que hacen las veces de madres, computadores portátiles que acompañan como un primo o una tía, abuelos en unos zapatos nuevos, entrañables amigos en reproductores de alta fidelidad, complacientes esposas en cámaras digitales. Siento lástima, por ellos y por mí, porque yo mismo le he dado palmaditas en la espalda a mi televisor, cuando con su párpado titilante reproduce las desgracias del mundo, cansado, solo, utilizado sin recompensa. Algún día, cuando estén lejos, se van a preguntar por la suerte de esos amigos de polietileno y silicio y me van a voltear a mirar mí, exigiéndome que les dé la hora, que atesore sus billetes, que plasme sus momentos memorables en un microchip o reproduzca sus películas, y yo, seco y totalmente falto de talento y gracia, solo podré darles la espalda y desearles, entre dientes y mientras me alejo, que el día de pago les llegue pronto, para que cuando les abandone definitivamente, y ellos me vean desvanecerme por la perspectiva, irme pensando en que, por lo menos, les dejé en una compañía infinitamente más grata que la mía.

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