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2005. Mejores o iguales que la competencia

En algún momento de su triste vida, uno de cada cinco colombianos pensará en hacer una revista (la misma proporción se aplica en el caso de las tendencias suicidas. Más adelante el lector podrá inferir, siguiendo esta equivalencia, relaciones de correspondencia entre ambas empresas. Ver gráfico 1).

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Gráfico 1: la probabilidad de que se dé B dado que sabemos que está ocurriendo A, es mayor que la probabilidad de que se dé B dado que sabemos que no ocurre A.

En cualquier caso, para lograr una caracterización rigurosa del tipo de colombiano que aspira sacar adelante un proyecto editorial de cualquier laya, se hace necesario partir de un estereotipo: al colombiano que sueña con hacer una revista lo obsesiona la sola idea de estar al frente de un proyecto, de tomar café recalentado a deshoras bajo cualquier pretexto, de hablar por teléfono dándose aires de importancia y asistir a comités que devienen siempre en tertulias amenizadas con alcohol; lo trasnocha la sola idea de ver en las calles —en inmensas vallas publicitarias y en pantallas de neón— su obra, el resultado de su genialidad.

Esta tendencia megalómana, como se sabe, conlleva toda clase de delirios y fantasías con el poder. Fantasías que en un porcentaje significativamente bajo se traducirán en hechos reales, esto merced a factores de clase, habilidades comerciales y mañas en la interacción social. Aquí tenemos pues a dos grupos claramente diferenciados: aquellos que al final concretan sus delirios—historias de éxito— y aquellos que terminan colgando un sitio en Internet que hace las veces de caja de Pandora: un lugar idóneo para apilar retazos de aquello que los charlatanes matriculados en los estudios culturales llaman memoria (Ver gráfico 2); en otras palabras, se trata de un registro caótico, caprichoso y fragmentado, de aspectos inconexos de la producción cultural de un lugar cualquiera. Este último caso es, por supuesto, el que nos corresponde.

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Gráfico 2: “La memoria es como el mar: frente a su inmensidad, lo más sensato que puede hacer uno es mirarlo desde la arena, con un buen trago en la mano”. Karol Osorno, poeta hispano-rumano.

Este proyecto, cuyo apellido es la locución latina (sic), que significa así fue escrito, o así se dijo, parte de un fracaso, de un proyecto que no pasó, precisamente, de esta primera fase: la proyección. Su manantial fue la irrefrenable cantidad de lágrimas derramadas producto de los sueños no realizados. Sueños de ascenso social y prestigio cultural pisoteados por sus propios autores, poetas provincianos (Carlos Duarte, Alex Sterling, Luis Henao y Miguel Tejada) incapacitados mental y biológicamente para expropiar buenas tierras y para someter con su egoísmo a otros seres.

“Revista (Sic)”, así se llamaba la primera versión de esta tragedia, se bautizó con el propósito de cosechar la fama literaria a cualquier precio y sin consecuencias legales y morales en el tiempo. Lo dijo uno de sus creadores: “Si lo que un escritor quiere es disparar y salir ileso, ahí está su salvoconducto, su boleta de inmunidad : (Sic), tal como fue escrito”

La misma idea podemos encontrarla —más ramplona— en la narrativa capitalista: El parque de diversiones no se hace responsable por objetos de valor abandonados a su suerte. Tampoco por el comportamiento de sus distinguidos visitantes.

De la Revista (Sic)–Tal como fue escrito–, solo quedó el nombre, y uno que otro plan de negocios. El resto de la historia es la espera de algún aplauso ante el auditorio vacío. Aquí, justo en este momento, presenciamos la revancha espiritual del hombre moderno, nutriéndose del desprestigio, del fracaso. Trazados perfectos, monumentos geométricos y pirámides de cristal, antibióticos y dioses de acero: triunfos para arrojar al fuego.

Para volver a nacer.

2006 - ¿? Súbete a mi Hindenburg

Es curioso: el término proyecto adquiere importancia cuando el barco se hunde entre crustáceos asexuados y tonterías coralinas, sin la grandilocuencia de un Titanic, directo hacia una oscuridad pasmosa. Acto seguido, los epílogos brillan por su ausencia. Agua y cielo, al fin y al cabo, son la misma nada indolente, el escenario vacío donde lo único cierto es la ausencia de luz. Así empieza el Proyecto(Sic). Hecho todo lo que está al alcance del hombre, sólo queda una posibilidad vital: demoler. Hacerlo otra vez–sin el compromiso de hacerlo mejor–, como tuvo que asumirlo el Sísifo retratado por Camus.

Esto es lo que hoy ve usted ascender hasta la cima del peñasco más insignificante: ideas como piedras, otra vez. Un proyecto narrativo atrapado dentro del paréntesis que crea siempre el hombre para hacerse una idea de la realidad. La esquiva realidad, que por su monstruosa simpleza y vaciedad causa indigestiones mentales al hombre que todo lo quiere complicar. Lo mismo ocurre con la memoria, esencia inasible que logra cohesionar a los hombres, y se puede uno reventar todas las glándulas tratando de entender esto. Al ser ésta una especie de noción sideral, miles de millones de veces más grande que el hombre, la sola idea de someterla a una especie de paréntesis explicativo es idiota y arrogante.

El viaje continúa con o sin los pasajeros, avanzando entre escombros espaciales y satélites desplomados. Cada puente que atravesamos es la posibilidad de irse por un abismo. Estas experiencias narrativas nos permiten poner, una vez más, al concepto de memoria en ese plano de lo imposible. Hoy somos más, o somos otros, (María Soto, Jaime Sanclemente y Miguel Tejada; Luis Henao muestra señales de vida de vez en cuando) igual de románticos, igual de cínicos. Hoy, en los días que corren río abajo, presentamos este proyecto inconcluso, este fangal de historias propias y ajenas, esta expedición constante a la memoria de nuestra atrocidad y de nuestra ingenuidad.

Este es nuestro homenaje al abandono: un armazón de guaduas y pernos de goma, prescindible como referente, sobre todo cuando llega el día en que el tiempo embiste lo que osa mantenerse en pie y hace añicos la proyección.

Cali, noviembre de 2013.