Pensé en usted, querido espectador. No quiero hacerle la vida imposible, pero me vi en la obligación de elaborar dos explicaciones, una aquí, en escasas 5 líneas, y la otra en video, con mi cara de idiota y mi voz de condenado a muerte. Bueno, pero como dijo alguien que recuerdo con mucha gratitud, todos estamos condenados a morir, es decir, a vivir.

¿Qué es esto?

Este trabajo es el comienzo de una novela que tal vez nunca termine, porque cada vez que intento concebir un final, único, absoluto, como un punto negro sobre la nada, entiendo que el verdadero sentido de los temas que decidí abordar es algo que me sobrevivirá. Usted y yo, lector, moriremos antes de que todo se componga, porque, sencillamente, tal vez las cosas no estén así de mal. El caos sería pensar lo contrario. Nosotros vendríamos a ser los estorbos antinaturales, la materia inútil que cayó de algún lado, pero que desaparecerá en el tiempo.

Esto es un libro como el que siempre quise leer. No hay trucos, no hay conspiraciones para controlar su pensamiento o crearle nuevos hábitos de lectura; esta es mi lectura de la realidad, y la comparto con usted. Espero, eso sí, que pueda reflexionar un poco sobre los siguientes aspectos:

-Antes no sufríamos de rinitis. Hoy no podemos abrir un libro sin estornudar.

-Antes leíamos en la oscuridad, acompañados solo por la luz de una vela.

-Antes podíamos concentrarnos tanto en algo, que en ocasiones sudábamos sangre. Hoy sufrimos de algo llamado procastinación.

-Antes pasábamos horas en silencio reflexionando, hoy no decimos nada, pero hacemos parte de comunidades virtuales para estar en contacto con la gente.

¿Por qué?

El único aspecto del debate político que suelo tomarme en serio es el trato que se le dé al sentido común. Aún no he escuchado al primer político que hable con la verdad. Tengo 27 años, peso 76 kilos y he estado enamorado dos veces. Eso dice algo de mí: soy un cualquiera. Y por eso, lo único que reclamo, con furia, es respeto por el sentido común. De cosas más banales o más elevadas uno se puede ocupar en otros espacios, en otros escenarios, pero del sentido común no puede uno escapar, nunca. Por eso, a veces sueño que soy un político chiflado que habla con la verdad. Algunas personas me odian, me tiran tomates podridos y esconden a los niños cuando salgo en televisión, otras personas me aman y consideran que soy Dios, o en su defecto el hijo alocado de éste. Soy famoso. Todos hablan de mí, y esta fama me la he ganado diciendo la verdad, cruda, cortante, explosiva.

El título de este trabajo es la frase espontánea y honesta que nunca se dijo cuando se empezaron a conocer las cifras reales de la tragedia de aquel pobre pueblo del Tolima que terminó sepultado bajo toneladas de lodo y rocas. Lodo y rocas. El escenario político se compuso. Todo el mundo estaba pensando en la tragedia, porque la mayoría de nosotros somos perezosos y egoístas, y cuando el sentido común nos suplica que le prestemos atención, le damos la espalda, bostezamos o vemos un partido de fútbol.

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Agradecimientos:

María Juliana Soto. N.
Miguel Camacho
Marcos Camacho
Felipe Muñoz. J.
Gerald Bermúdez
Manuel Hernández. B.
Luis Alberto Mejía Clavijo