Texto de Gerald Bermúdez

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Jugué con mis muñecos de Yupi mientras Almarales estaba dentro del Palacio en llamas. De igual manera me divertí, pocos días despues, con un barco de juguete mientras Omaira se estaba muriendo. Me explico. Mientras se desarrollaba el holocausto en el centro de Bogotá en aquel lejano y a la vez muy cercano 1985; los medios transmitían en directo los boletines oficiales en los cuales se daba cuenta de la posición de los guerrilleros dentro de Palacio, (aunque nunca se habló de los centenares de personas que le daban vivas al M-19 en las calles cercanas al Palacio de Justicia), y yo ubicaba sobre una pila de cajas, varios muñecos de Yupi que representaban el movimiento de tropas y de seres dentro de la edificación; una chancleta era un tanque de guerra. Mis juguetes favoritos estaban ligados a la realidad armada de este Estado trunco. Mis pasatiempos estaban signados por la fallida tregua entre el Estado y las guerrillas imperantes en los 80. Belisario intentaba parecer un gran estadista (qué iluso). La masacre del Palacio (masacre en donde abundaron las balas oficiales a quemarropa) fue el centro de atención de toda Colombia. El Palacio era lo único de lo que se hablaba hasta que en Armero ocurrió la trágica salvación de muchos militares.

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El Volcán Nevado del Ruiz borró de la faz de la tierra un pueblo próspero. El Volcán Nevado del Ruiz borró de la atención nacional, menos de 10 días después, el holocausto del Palacio. Belisario fue salvado por una casualidad. Lo tanques disparando en la Plaza de Bolívar fueron cambiados de las pantallas por muchos armeritas muriendo entre el lodo y la putrefacción. Mi padre salvaba gente como socorrista al mismo tiempo que el revuelo de la tragedia iba borrando la responsabilidad militar en la masacre perpetrada frente al Congreso. Así como Armero fue la nueva prioridad, un barco de juguete reemplazó mis muñecos de Yupi. A pesar de todo Colombia nunca dejará de ser el campo de juegos de muchos y nosotros no dejaremos de ser mudos testigos de la manera en que cada jugador se va quedando con una gran parte del país y de su historia, haciéndolas parte de su patrimonio personal.