Falling apart

Por Alberto Bossa

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Ayer hubo un terremoto en Indonesia. Hace menos de un mes tembló en Perú, en Pisco, murieron muchos. Hace menos de una semana hubo también un sismo de 6,2 Richter en un pueblo del pacifico nariñense, fue en la noche, yo estaba leyendo cuando todo se empezó a mover. El temblor no duró mucho, 45 segundos según estimaciones radiales, pero sí el tiempo suficiente para que una vecina saliera gritando y muchos se escondieran bajo los marcos de sus puertas. En cierto sentido mucha gente esperaba que nos tocara a nosotros, el temblor, lo esperábamos ansiosamente, uno pequeño para que apenas nos moviera los cimientos, uno como el del hace unos años, el que dañó los apartamentos de la novena y no pasó de 5 grados.

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Ahora que lo pienso un poco, me da pena decirlo, me parece apropiado el remesón de hace unos días. Me explico, fue como somatizar lo que nos pasa por dentro. El país cayendo en pedazos por dentro y ahora también por fuera, de igual forma nosotros nos estábamos cayendo en pedazos y ahora… cuando pase el temblor, despiértame, no sé como los Soda podían dormir mientras la cama les bailaba.

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Falling apart
es una frase que siempre me ha gustado, caer en pedazos, como un espejo roto o una estante mal armado. Se cae en pedazos luego de querer mucho y descubrir que la otra persona se ha tomado todo como un juego o cuando pierdes algo que querías mucho (un amigo que pelea con vos, un iPod que te roban) o cuando pierde tu equipo favorito. Igual es necesario, es como descansar y tenés que dejar que te pase, ir al estadio a pesar de que el América no levante cabeza (aunque ahora parece que…), componer una copla para ese amigo esquivo, comprar un reproductor emepitri o volverte a enamorar. Es necesario cansarse para descansar, ahora me pasa, tengo unas ganas enormes de dejar de ser, de tirarme en una cama, de ver pasar el mundo a mi lado, solo En-Sof y Ayin como diría un rabino en Praga. Cansarme de querer como creí estarlo cuando terminé con Natilla para descubrir que no pasaba nada, para darme cuenta que con ella había descansado bastante, que ese terremoto que calculé en 9,5 grados no pasaba de ser un triste 3,5º Richter.
Ahora, casi un mes sin ella (el 24 de este mes cumpliríamos tres años de estar juntos en un amor que fue como un mantra), pienso que talvez me estoy mintiendo, en que tal vez sería bueno volver con ella, cansarse para descansar… mejor me inscribo a un gimnasio.




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